La Palabra: “todos los hebreos atravesaron el mar y fueron bautizados en sus aguas; pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios”; “si no os convertís, todos pereceréis lo mismo” (2ª lectura y evangelio)
1.Son muchos los cristianos que viven con autenticidad el proyecto de seguir a Jesucristo y re-crear su conducta en la propia historia. Pero es manifiesta la caída de la práctica religiosa cristiana sobre todo entre las generaciones más jóvenes. Muchos se lamentan de esta indiferencia religiosa y otros se desaniman porque no saben que hacer. Pero ante los hechos poco se arregla con lamentos o desinfles; mucho menos con maldiciones. El profundo cambio cultural que hoy estamos atravesando en la sociedad española y la inevitable crisis religiosa que este cambio trae consigo, debe ser oportunidad para madurar en nuestra identidad cristiana.
2. En las catequesis de los primeros siglos el bautismo cristiano era comparado con el paso del Mar Rojo Cuenta la historia bíblica que los hebreos huyeron del poder faraónico que los oprimía en Egipto. Pero al llegar perseguidos y sofocados, al mar Rojo, se abrió una senda por donde pudieron pasan arropados por las aguas que los envolvían como un túnel. A pesar de haber contemplado esta intervención maravillosa de Dios, la misma Biblia narra que muchos se cansaron, y de nuevo se dejaron atrapar por nuevos faraones, como son la fiebre posesiva de tener, del poder y del gozar a cota de lo que sea y de quien sea. Como en aquella ocasión, en el bautismo también a nosotros se nos abrió un camino; fuimos arropados por el agua símbolo de la vida, emprenderán camino liberados de tantos falsos absolutos que nos asaltan y nos esclavizan. Así lo expresamos en las renuncias que hacemos, o mejor dicho hicieron nuestros padres y padrinos por nosotros cuando de niños recibimos el bautismo.
3.El bautismo viene a ser una profesión pública de la fe: convencidos de que la conducta de Jesucristo es el camino de vida, queremos comprometernos a seguirlo, y la Iglesia con el simbolismo del agua que purifica y da vida, se pone a nuestro lado mediante la celebración del sacramento. Pero esa celebración es un punto de partida. En el s. V San León Magno, hablando a los neófitos o recién iluminados –el bautismo se llamaba iluminación porque es entrada en la comunidad de creyentes que reciben la luz de la fe- les decía: “y ahora debéis realizar en la práctica de vida lo que habéis celebrado en el sacramento.. Es la invitación también para nosotros en esta Cuaresma. No perdamos el tiempo en lamentos inútiles; el mundo y la humanidad entera siguen alentados por el amor del Padre revelado en la conducta histórica de Jesucristo. A nosotros sólo nos toca ser testigos de ese amor que es paciente y a todos mira con esperanza. Cuaresma es tiempo de tracia para actualizar nuestra vocación bautismal
Jesús Espeja,dominico