Domingo 12º del tiempo ordinario

                   No cabe el anonimato

 

La Palabra. “ Lo que os digo de noche, decidlo en pleno día; y lo que os digo al oído pregonadlo desde la azotea” ( evangelio)

 

  1. En los últimos años con el nuevo obispo de Madrid, nuestra iglesia local respira una preocupación evangelizadora. Se han hecho programas y reuniones; se ha tratado de movilizar las parroquias creando equipos para la urgente y necesaria evangelización. La Iglesia se constituye en la misión, si no sirve como signo creíble y eficaz para construir el reino de Dios o la fraternidad, para nada sirve. Ante la creciente indiferencia religiosa masiva que hoy cunde cada vez más incluso entre los mismos bautizados, si creemos que el evangelio es buena noticia para todos, no podemos quedarnos impasibles y escondidos en las sacristías por miedo a que nos rechacen o por la sensación de que nuestro empeño no darán fruto.

 

  1. “Si uno se pone de mi parte ente los hombres”. Jesús de Nazaret fue el hombre totalmente abierto a la presencia de Dios experimentado como amor y en consecuencia siendo siempre para los demás hasta entregar gratuitamente y por amor su propia vida. Ponernos de su parte implica “re-crear su conducta”. Cuando en una sociedad donde se da prioridad al dinero, al poder y al prestigio social sobre la dignidad de las personas, somos capaces de actuar con los sentimientos de compasión y con la entrega de la propia vida para que todos puedan vivir con dignidad, estamos actuando ante los demás “de parte de Cristo”, como testigos creíbles de su evangelio.

 

  1. ¿Garantías de éxito? Aparentemente ninguna. Estamos en una situación social postcristiana donde muchos creen conocer suficientemente el cristianismo y lo ven como algo trasnochado, mientras otros miran la Iglesia con reservas e incluso con agresividad. Pero el evangelio apunta la base de nuestra confianza; en Dios existimos, nos movemos y actuamos. Impulsadas por esa presencia de vida, las insignificantes aves cruzan los espacios. Y abriéndonos a esa presencia de amor que nos envuelve, nos sentimos impulsados a transmitir el evangelio, la buena noticia de que todos somos amados. Para el verdadero cristiano evangelizar es su vocación gozosa cuando vive esa presencia de amor que a todos nos da una dignidad inviolable. Jesús Espeja, dominico

 

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