Primer Domingo de Adviento

“Manteneos a la espera”(Evangelio)

 

  1. Llamados a ser más de lo que somos, mientras caminamos en el tiempo nos constituye la espera. Cuando lo esperado es malo se nublan nuestros ojos, y nos invade la tristeza. Sólo  cuando lo esperado es bueno  brota la  esperanza que nos permite mirar confiadamente y caminar hacia el  futuro.  El evangelio de Adviento es invitación a vivir con esperanza manteniendo la actitud de espera. Es el tiempo para ahondar en el hambre y sed de más que todos llevamos dentro y de algún modo nos constituye.

 

  1. En los grandes centros comerciales  con sus  belenes cada vez más sofisticados y en las calles  iluminadas ya de colores festivos ha comenzado la Navidad. Unos días en que  se anima  nuestra existencia  en viajes de placer, en comidas y encuentros amistosos, en compras  y regalos. Amistad, alegría, felicidad tienen que ver con el nacimiento de Jesús. Sin embargo todo eso que pertenece al lado  positivo de nuestra existencia humana, tampoco satisface  del todo el hambre y sed que somos; incluso la rutina de hacer lo mismo cada año puede llegar a cansarnos.

 

  1. Mantenernos a la espera” implica no instalarnos mientras vamos de camino. Tratando inútilmente de saciar el hambre que llevamos dentro con el dinero, los regalos, los banquetes y las diversiones. O desesperándonos porque no vemos salida en la situación actual de la familia y de la sociedad. Es necesario ejercer la esperanza “teologal” despertando y manteniéndonos a la espera de Dios  que continuamente está viniendo en nuestra intimidad y en los acontecimientos de este mundo. Valorando tantas alegrías y satisfacciones que ya encontramos aquí, pero sin exigir a esos momentos de felicidad que  sacien la sed de infinitud que llevamos Y levantando la cabeza para  ver  signos de trascendencia y gratuidad que continuamente  brotan en el mundo: compasión  eficaz para dar de comer al hambriento, solidaridad contra individualismo feroz, opción por los excluidos  contra la  lógica neoliberal  de la fiebre posesiva y descarte. La  Navidad es la buena noticia de  una Presencia de amor,  más íntima nosotros que nosotros mismos  y que de algún modo es corazón de toda la historia humana. Abriéndonos a esa Presencia es  como nuestra espera madura en esperanza que no sólo mira al porvenir confiadamente sino que también se hace compromiso para construirlo.

Jesús Espeja Dominico

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