Lectura del Domingo 25 de Noviembre de 2018

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

 Un Reino que ya está en el mundo

 

  1. En el juicio contra Jesús hay una serie de malentendidos. Los judíos le acusan ante el gobernador romano de que Jesús  pretende ser su rey. Pero al ver que ni tiene armas ni ejércitos y nadie le defiende, el gobernador no entiende tal acusación. Por eso le pregunta: “¿con que tú eres rey?”. Lo raro es que Jesús responde afirmativamente, aunque añade: “mi reino no es de este mundo” ¿cómo desenredar estas galimatías? 
  2. Hay un reino que se mantiene con ejército y armas. Domina y, llegado el caso,  se impone  por la fuerza contra las rebeldías internas o ante los ataques provenientes de fuera. Un reinado  que frecuentemente  se mantiene  con abusos del poder; Jesús mismo denunció a príncipes de ese reino que presentándose como  defensores del pueblo, en realidad lo humillan y oprimen. Pero hay otro reino donde las personas no están sometidas por la fuerza. Más  bien han descubierto  otra forma de vivir y de relacionarse con los demás por el amor, la compasión  y la comprensión. Son dueñas de sí mismas, dominan su instinto posesivo y así van construyendo una sociedad fraterna. Es el reinado  que se plasmó en la conducta de Jesús capaz de entregar la propia vida por derribar los muros de separación entre pueblos y entre personas. 
  3. “Mi reino no es de este mundo”. Cuidado con la traducción.  Porque el “reino  de Dios” o una sociedad fraterna ya tiene lugar en este mundo, aunque todavía de modo imperfecto y en espera de una plenitud sin sombras. Ese reino ya está aquí como la levadura en la masa, fermentando  a la humanidad  en orden a que sea más fraterna. No funciona con la lógica del poder sino con la lógica de la gratuidad o del amor que sirve sin esperar nada a cambio. Es un reino que lejos  de negar sin más las autoridades o poderes  necesarios en la organización social, los sana del individualismo y los legitima  como mediación del amor. Todas y todos tenemos algún poder y según el evangelio, lo ejercemos debidamente sólo cuando es mediación del amor que sirve a los demás.               

Jesús Espeja, dominico

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