CUIDAR LAS EMOCIONES EN  TIEMPOS DE PANDEMIA

Introducción

En este periodo de confinamiento parcial  que todos estamos viviendo, nos vemos confrontados a atravesar un tumulto o un chorro  de emociones que no son siempre fáciles de llevar. Aquello que nos era conocido y ritmaba cada día, se está desmoronando. Nos encontramos frente a la necesidad de buscar nuevos modos de relacionarnos, de organizarnos y adaptarnos, buscando secretamente no perder el equilibrio y mantenernos a flote.

Frente a la intensidad de tantas emociones, nuestro mundo interior se nos vuelve desbordante y abrumador. El miedo, la ansiedad, la cólera, la tristeza, la frustración están más presentes que nunca, creando profundos conflictos internos que nos impiden ver la realidad con claridad y serenidad, para responder adecuadamente. De esta manera, engendramos un círculo vicioso que nos entrena cada vez más profundamente en la confusión y el desasosiego.

Identificar, reconocer y acoger nuestras emociones es necesario si deseamos poder actuar sobre ellas y transformarlas, antes de que nos sobrepasen y creen daño, tanto en nosotros como en nuestro entorno. Recordemos que las emociones son la expresión de aquello que nos sacude al interior, dándonos así, el impulso necesario para expresarnos y relacionarnos con el otro. Son una verdadera necesidad humana de relación y de interconexión. El problema radica, en la forma en que entramos en la relación y no, en las emociones en sí mismas. El miedo y la ansiedad que hoy en día se manifiestan, nacen de la incertidumbre que esta situación sin precedentes, nos genera. Nos sentimos inseguros, alarmados, inquietos y afligidos ante un futuro incierto. Sin embargo, abandonarnos a la ansiedad, nos invade de ideas negras, que, como fantasma invisibles, amenazan y acaparan nuestros días, hundiéndonos de más en más en una dolorosa angustia, encerrándonos dentro de nuestras propias e incontrolables proyecciones mentales. De esta manera, creamos una realidad sobre la cual no tenemos ningún control.

Esta incapacidad, genera un sentimiento de frustración que nos pone frente a nuestra vulnerabilidad, despertando fácilmente, un estado de confusión y de comportamos como animales atrapados, que para defenderse y evitar que se le hagan daño, sacan los dientes muerden y agreden. Cuando herimos a quienes amamos y producimos dolor y tristeza, irrumpe en nosotros la culpabilidad, el abatimiento y la desolación porque en nuestro interior, en realidad, solo deseamos proteger y cuidar nuestros seres queridos. Desafortunadamente, atrapados en nuestra confusión, no es posible acogerlos ni ayudarlos ya que el sufrimiento psicológico nos paraliza, hasta tener incluso, consecuencias devastadoras sobre nuestra claridad mental.

Lo que vamos hacer esta noche es daros unas breves  pinceladas para conocer  mejor nuestras emociones, sentimientos, compañeros de nuestro viaje de la vida.

Juntos vamos a  pintar un cuadro de emociones, sentimientos. Imaginad un lienzo y juntos vamos hacer  ese cuadro  para identificar,  poner nombres y acoger nuestro mundo emocional y  así poder cuidar, mimar  y aceptarlas sin ningún juicio.

No es fácil expresar los sentimientos con palabras. La tarea es más difícil cuando nuestros sentimientos son muy fuertes, tanto positiva como negativamente. Comúnmente decimos:

  • La puesta de sol era tan hermosa que no se puede expresar.
  • Te amo tanto que no encuentro palabras para expresarlo.

También decimos:

  • No hay palabras para describir el dolor que siento a causa  de  su muerte.

Poder expresar nuestros sentimientos con palabras es importante aunque difícil. Describir nuestros sentimientos de dolor es un acto de curación

Shakespeare en Macbeth dice:

Da palabras  a tu  dolor. El dolor que  no habla.

Susurra al agotado corazón. Y le manda romperse.

Podemos reagrupar todos los sentimientos que experimentamos, en cuatro familias

Tipos de Sentimientos

 

Miedo

Alegría

Tristeza

Enojo

Tenso
Paralizado
Desesperado
Evasivo
Ansioso
Dudoso
Atemorizado
Alarmado
Amenazado
Agobiado
Confuso
Tímido
Inseguro
Nervioso
Asustado
Tembloroso
Aterrorizado
Acobardado
Histérico
Alarmado
Horrorizado
Preocupado

Feliz
Contento
Entusiasmado
Eufórico
Radiante
Ilusionado
Tierno
Paz
Calmado
Agradecido
Gozoso
Esperanzado
Alegre
Amoroso
Emocionado
Confortado

Desanimado
Aplastado
Deprimido
Desilusionado
Lloroso
Disgustado
Vacío
Agotado
Solo
Derrotado
Avergonzado
Distante
Amargado
Infeliz
Desconsolado
Melancólico
Descorazonado
Desconectado
Sombrío
Oprimido

Incómodo
Frustrado
Agresivo
Furioso
Celoso
Irritado
Impaciente
Enojado
Resentido
Molesto
Provocado
Ofendido
Abusado
Indignado
Coraje
Vengativo

 

1.- Lo primero que tenemos   que decir sobre las emociones y sentimientos es que “nadie se ha sentido jamás como yo”. Nuestros sentimientos son tan singulares y originales como nuestras huellas digitales, como el color de nuestros ojos. Mis sentimientos son  los que me individualizan,  los que me hacen diferente de cualquier otra persona.

Al decir a alguien que sufre aquello de “sé cómo te sientes” podemos estar invalidando sus propias emociones. Invalidamos muchas veces que la persona  pueda decirnos precisamente qué es por lo que está pasando con sus propias palabras. Siempre será mejor saber escuchar y comunicarle que tiene todo nuestro apoyo y cercanía

Porque en realidad, ninguno podemos llegar a imaginar por lo que está pasando esa persona, ese amigo, familiar e incluso un niño.  .

Si yo soy un convencido conservador o un convencido liberal, también  lo es muchísima gente;  si estoy a favor o en contra de la exploración del espacio o cambio climático,  siempre habrá otros que piensen  lo mismo. Pero los sentimientos que subyacen a mis ideas,  opiniones y convicciones son exclusivamente míos. Nadie apoya  a un partido político, o tiene una convicción  religiosa,  o está comprometido con una causa, con mis mismísimos sentimientos de fervor o apatía. Nadie experimenta mi mismo sentimiento de frustración, padece mis mismos miedos y siente mis mismas pasiones. Nadie se opone a la guerra con la misma indignación con que yo lo hago, y nadie defiende el patriotismo con el mismo sentido de la lealtad con que yo lo defiendo.

2.- La emoción es la fuerza principal que motiva nuestras vidas. Las emociones son el combustible que nos lleva a defendernos nosotros mismos y a cubrir nuestras necesidades básicasE-moción: energía en movimiento. Esta energía es fundamental. Decimos  la energía no se aniquila sino  se transforma, se canaliza. Igual las emociones.

Nuestra rabia nos mueve a defendernos. Cuando nos enfadamos, nos mantenemos en una postura, nos volvemos “locos luchadores”. Con el enfado, protegemos nuestros derechos y luchamos por ellos.

El miedo nos lleva a darnos a la fuga al ver el peligro. Nos ayuda a discernir, nos protege  porque nos hace ver la existencia del peligro y su magnitud para luchar contra él; nos lleva a correr y a refugiarnos. O nos paraliza.

La tristeza conduce al llanto. Las lágrimas alivian y ayudan a superar la angustia. Con la tristeza nos lamentamos de nuestras pérdidas y liberamos nuestra energía para usarla en el presente.

La alegría nos aporta tranquilidad, bienestar y amor.

3.- Cuando somos incapaces de lamentarnos, no podemos acabar con el pasado. O mejor, cuando no se nos permite lamentarnos, esta energía se congela. Toda la energía emocional relacionada con nuestra angustia se congela. Al no solucionarse ni expresarse, trata de resolverse por sí misma y, como no puede expresarse mediante lamentaciones, se expresa mediante comportamientos anormales. Se ha dicho con razón que o verbalizamos nuestros sentimientos o los somatizamos (somatizar y consiste en transformar inconscientemente los problemas psicológicos en síntomas que afectan a nuestro cuerpo).. Los sentimientos son  como el vapor que se acumula en el interior de una olla: si se guardan dentro  y se permite que acumulen intensidad, pueden acabar haciendo  saltar la “tapadera” humana  que los reprime, lo mismo que el vapor puede hacer saltar por los aires la tapadera de la olla. Todas las emociones reprimidas se reflejan en síntomas físicos,  los más comunes de los cuales son la tensión, la fatiga, los dolores de cabeza y ciertas alteraciones respiratorias o intestinales.

4.- Si se inhibe, impide,  reprime la exteriorización del dolor uno puede enfermar. Se puede expresar esto con depresión crónica, comportamiento ansioso, conducta repetitiva y ritualista (como tics o lavarse continuamente las manos) o una ira excesiva e incontrolable. El desconsuelo (el duelo) no vivenciado puede causar dolor, depresión, temor y    conducta extraña, como continuar un diálogo con el difunto creando la fantasía de que aún estuviese vivo, intentando mantener las viejas relaciones sin reconocer la necesidad de una nueva.

Cada uno de nosotros tiene miedo de expresar ira y tristeza, teme llorar y expresar dolor  por la pérdida de aquellas partes de las que hemos tenido que renunciar en diferentes momentos de nuestras vidas.  Cada uno de nosotros teme perder el control sobre sí mismo al actuar de esta manera. Pero cuando el sentimiento de pérdida no puede ser expresado de manera adecuada, surgirán como parte de nuestras vidas no realizadas nuestras fantasías y nuestros miedos.(Todas las penas no superadas siempre tienen como base emociones que no fueron comunicadas, que se acumularon en una relación a través del tiempo y no fueron escuchadas y aceptadas).

5.- La recuperación de los sentimientos es un proceso, no un suceso.  Sentir los sentimientos  es crucial  ya que  no puedes curar lo que  no puedes sentir. Permítete vivir tus emociones y encuentra una expresión para esa vivencia. No podemos liberarnos de lo  que no aceptamos. Lo que no se acepta e integra positivamente en la vida no se redime ni se supera.

El dolor es el sentimiento que cura. Nos curaremos  de forma natural sólo con  que se nos  permita afligirnos,  la única salida de una crisis emocional es pasando a través. Se sale del duelo pasando por él

El legado de Paula por Isabel Allende

La felicidad viene después que has superado los obstáculos. No la consigues huyendo de ellos sino pasando por ellos. El único lugar donde encuentro ahora la  felicidad es al final del túnel del dolor.

Si tuviera  que resumir lo  que aprendí durante el año completo de la agonía de Paula, el momento  de su muerte y todo el año de luto – y de escribir, sería: Después que has perdido todo, lo único que te queda es el amor que has dado.

Paula no podía devolverme nada porque  de cualquier modo no podía responder y después  que ella murió me  dejó con este tesoro increíble de amor que  yo la di sin esperar nada, ni expectativas, ni deseos, nada. Sólo con el sentimiento abrumador de dar.

Entiendo tantas cosas  que antes no entendía. Ahora mi modo de amar es diferente. El modo como amo a mi esposo, mis nietos, mi madre, mis hijastros, las personas en general, no está basado en expectativas. El  hecho es que consigo tanto amando. Lo  paso genial. Ese es el legado de Paula

 

6.- Los sentimientos hay  que ventilarlos para que sean reconocidos, aceptados, arropados, encauzadosintegrados y su energía aprovechada para la sanación. Si no es así, invadirán  bloqueando nuestra mente y corazón convirtiéndose en los dirigentes de nuestro comportamiento en vez de los valores. Los sentimientos han de llevar a la paz y bienestar de la persona.

¿Quien conduce tu autobús?

Juan Carlos es un niño vivaracho, pero tímido. Su timidez resalta cuando siente la presencia de su padre. Estando frente a él pierde todo viso de alegría, sus ojos pierden ese destello y luminosidad de los niños normales que disfrutan la presencia paterna. Jamás se acercó a él corriendo de alegría como lo hacían sus demás amigos cuando veían llegar a sus respectivos padres. A veces su padre llegaba borracho, entonces Juan Carlos temía lo peor. Miraba como aquél señor pegaba repetidamente a su madre. Naturalmente, el niño se siente totalmente impotente para detener a su padre, y lo único que puede hacer es encogerse de miedo bajo la mesa porque está terriblemente asustado por tal espectáculo de brutalidad. Sin embargo en su interior, el niño se está prometiendo en secreto… “Juro por Dios que cuando sea grande y fuerte nadie tocará a mi madre”… “Nadie me intimidará ni abusará de mi”.

Con el paso del tiempo, el niño se hace adulto y conduce un autobús. De repente ve que otro bus viene de atrás y amenaza quitarle los pasajeros que están en el próximo paradero. Entonces rechina los dientes, y la vieja promesa que se hizo: “nadie me va a intimidar” explota en su interior… cegado por la idea de no dejarse vencer hace una mala maniobra y… colisiona violentamente con el vehículo rival… los dos conductores mueren. La cuestión es: ¿Quién conducía aquel autobús? Obviamente el niño pequeño que había llevado su determinación de la infancia hasta la tumba.

Ahora tanto tú como yo debemos preguntarnos ¿Quién conduce mi autobús?, ¿Quién determina mis acciones y reacciones? La auténtica respuesta puede perfectamente estar enterrada en nuestra mente o mundo inconsciente, así como nuestro pasado olvidado. Puede que un niño herido  o una niña herida esté manejando mis hilos, tomando mis propias decisiones, conduciendo mi autobús… y que yo ni siquiera sea consciente de ello”.  Verdaderamente, nuestro ayer influye en exceso sobre nuestro hoy.

 

7.- Las emociones no son una realidad moral,  no son buenas o malas en sí mismas sino simplemente fácticas, son sin más. Los sentimientos no son ni buenos ni malos. No tienen moralidad por si solos. Cuando moralizamos las emociones  tendemos a  etiquetar  ciertas  emociones como “buenas” o como “malas”. Por ejemplo, es bueno sentirse agradecido, pero es malo  sentir ira o envidia. Los sentimientos no son ni buenos ni malosSentir   no es cosentir

La moralidad entra sólo cuando se actúa sobre el sentimiento.” Forman parte de la condición humana y son patrimonio de todo ser humano. Mis envidias, mi ira, mis deseos sexuales, mis temores, etc….no hacen de mí una  buena o mala persona.

Por supuesto que esas reacciones emocionales deben ser integradas mental  (mente) y  afectivamente (voluntad) (¿Deseo obrar de acuerdo con este sentimiento o no?) ; pero antes de que  puedan ser integradas, antes de que  yo pueda decidir si deseo o no deseo seguirlas,  debo permitirles que se manifiesten, reconocerlas y debo oír con toda claridad lo que están diciéndome. Debo ser capaz  de decir, sin  el más mínimo sentido de represión moral, sin juzgarlas que estoy enfadado, o que estoy airado, o que estoy sexualmente excitado.

8.- La no represión significa que debemos experimentar, reconocer, y aceptar plenamente nuestras emociones.  Las emociones reprimidas son  como las personas rechazadas: nos hacen pagar un elevado precio por  haberlas rechazado. No hay nada más que temer que  una emoción desdeñada.

Lo cual no implica que debamos siempre obrar de acuerdo con ellas. Sería trágico y  una inmadurez permitir que sus  sentimientos o emociones rigieran su vida (recordar quién conduce mi autobús) Una cosa es sentir y reconocer ante uno mismo y ante los demás que uno tiene miedo, y otra cosa es permitir que ese miedo le venza a uno. Una cosa es que yo sienta y reconozca que estoy enfadado, y otra cosa es que te aplaste la nariz de un puñetazo.   En la persona integrada las emociones ni están reprimidas ni ejercen el control. Sencillamente, son reconocidas (¿qué es lo que siento?) e integradas (¿Deseo obrar de acuerdo con este sentimiento o no?)

Cuando Dios hizo desfilar a todos los animales frente a Adán, él tuvo que ponerles nombre a todos: cocodrilos, mandriles, gacelas, lagartijas, cotorras, cuervos, ciervos, leopardos, chorlitos, monos, guacamayos, pitones, ranas para dominarlos y  controlarlos.  

Poner nombre a los sentimientos, uno se  distancia de ellos, no te abruman tanto y los puedes manejar. Shakespeare en Macbeth dice:

Concede palabras  a tu pena,

La pesadumbre que no habla

Ata al agotado corazón y

Le muerde hasta romperle.

 

Y Albert Espinosa añade: “Si solo te fijas en los problemas, te perderás la belleza del mundo que te rodea  y esa es la base de la felicidad”

 9.-  La persona plenamente humana es un Actor, no un Re-actor. Cuenta el columnista Sidney Harris que en cierta ocasión, acompañando a comprar el periódico a un amigo suyo, éste saludó con suma cortesía al dueño del quisco, el cual, por su parte, le respondió con brusquedad y descortesía. El amigo de Harris, mientras recogía el periódico que el otro a había arrojado hacia él de mala manera, sonrió y  le deseo al vendedor un buen fin de semana. Cuando los dos amigos reemprendían su paseo, el columnista preguntó: -¿Te trata siempre con tanta descortesía?- Sí, por desgracia. – ¿Tú siempre te muestras igual de amable?. –Sí, así es. – ¿Y por qué eres tú tan amable con él, cuando él están antipático contigo?. – Porque no quiero que sea él quien decida cómo debo actuar yo.

La persona plenamente humana   es la persona que consigue ser ella misma, que no se doblega ante cualquier viento que pueda soplar ni está a la merced de la mezquindad, la vileza, la impaciencia y la ira de los demás; que no se deja trasformar por el ambiente, sino que es ella la que influye en éste.

Por desgracia,  la mayoría de nosotros nos sentimos como una embarcación  a merced de los vientos y  las olas. Cuando  los vientos rugen y las olas se encrespan, nos falta lastre y decimos cosas como: “Me saca de mis casillas…” ; “Me pone enfermo”;  “Sus observaciones me hacen sentirme terriblemente violento…”Este  tiempo me deprime increíblemente.. “Este trabajo  me aburre soberanamente”…; Sólo con verle  me pongo triste…”

Obsérvese que todas estas cosas me afectan a mí y mis emociones. No tengo nada que  decir acerca de mi enojo,  de mi depresión, de mi tristeza etc..Y al igual que todo el mundo, me limito a culpar a otros, a las circunstancias y a la mala suerte. La persona plenamente humana, como dice Shakespeare en Julio César, sabe que “la culpa”, querido Bruto, no es de las estrellas, sino nuestra…

“Nadie más que yo puede causar o ser responsable de mis emociones”. Pero nos sentimos mejor atribuyendo nuestras emociones a otras personas, “Me has hecho enfadar”,  “Me has dado miedo”, “Has hecho que me vuelva celoso”. Y la verdad es que tú no puedes  hacerme nada de eso. Lo único que puedes  es estimular, avivar las emociones que ya están en mí esperando ser activadas. La diferencia entre  “causar y estimular las emociones” no es un simple juego de palabras;  es importante aceptar la verdad que encierra. Si yo creo que tú puedes hacerme enfadar, entonces, cuando me enfade, me limitaré a culparte  de ello y a cargarte a ti con mi problema,  y nuestro encuentro no me habrá enseñado nada. Lo único que concluiré  es que tú has sido el culpable  de mi enfado. Y ya no necesitaré hacerme pregunta alguna sobre mí mismo, porque habré descargado en ti la responsabilidad del asunto. Crezco, maduro cuando   dejo de culpar al otro. El crecimiento empieza siempre donde termina la culpabilización ajena.

 

COMO PROCESAR LOS SENTIMIENTOS Y EL DUELO ATRAVÉS DE LA ESCRITURA TERAPÉUTICA

Desde siempre se ha valorado la escritura como una herramienta terapéutica. No en el sentido de solucionar problemas directamente quizá, pero, desde luego, suele ser una buena forma de sacar a la luz lo que llevamos dentro, desahogarnos, aclarar nuestros sentimientos o nuestras dudas, animarnos, conocernos mejor e incluso de ayudarnos a tomar alguna decisión.  Y sobre todo a desactivar la intensidad con que podemos estar experimentando  los sentimientos o el duelo.

“La escritura es la pintura de la voz” dijo Voltaire.

 

Sigue las instrucciones del  1.- bolígrafo amigo o  2.- comunicándose con el duelo. Tienes que escribir a mano. Comunícate con tus sentimientos o  duelo como si tuviera personalidad propia. Por ejemplo: Querida alegría, tristeza, enojo, miedo, duelo o a la persona difunta.

 

EL BOLÍGRAFO AMIGO. El poder sanador de la expresión

 

El bolígrafo amigo es un modo extraordinario de entrar en tí mismo y percibir  cómo te sientes  realmente acerca de muchas cosas que han ocurrido en tu vida.  Es una manera de escribir desde el CORAZÓN, no desde la cabeza. El bolígrafo amigo es la mejor terapia para sanar un corazón herido. Cuando el corazón se siente bien, la cabeza y el cuerpo participan de ese bienestar.

 

DIRECCIONES

1.- Todos los días, durante media hora o quince minutos, escribe una carta a la persona fallecida y cuéntale lo  que te está sucediendo (ponerle al día, sentido de culpa, asuntos pendientes,,, etc..). Hazlo a una hora determinada siempre. En un lugar donde no te distraigan. En la mesa donde vas a escribir coloca un objeto, foto o recuerdo del fallecido y que sea significativo para tí.

 

2.- Empieza a escribir tan rápido como puedas y tanto como puedas.

3.- Por favor, no dejes de escribir, ni te pares a pensar lo que estás escribiendo.

4.- Escribe CUALQUIER COSA!!!!!! , incluso, “No sé qué poner en este estúpido papel”.

5.- Si sigues escribiendo y no te paras a pensar, enseguida aparecerá lo que hay en tu corazón y no lo que hay en tu cabeza.

6.- NO TE DETENGAS a leer lo que has escrito. Sigue escribiendo hasta que el tiempo se acabe.

7.- NO DEJES de escribir hasta que no se cumpla la media hora. Incluso, aunque la desgana parezca invadirte, SIGUE ESCRIBIENDO,  puedes escribir algo así como: No sé qué escribirte, por eso escribo esta frase estúpida.

8.- Hazlo para tí mismo—- nadie va a juzgar lo que has escrito.  El objetivo no es qué pensarán los otros de lo que estás escribiendo, sino que tú llegues a conocer tu interioridad.

9.- Cuando nuestros auténticos sentimientos salen desde lo más profundo de nosotros mismo y son contemplados, sentidos, examinados por tí, incluso compartidos, con frecuencia desarrollan alas y nos abandonan para siempre. Así seremos más libres y estaremos preparados para seguir viviendo.

10.- La clave del éxito está en no levantar NUNCA tu bolígrafo del papel durante la media hora.

11.- Al día siguiente, cada vez que comiences a escribir, has de releer lo escrito en días anteriores.

 

 

COMUNICÁNDOSE CON EL DUELO

Este ejercicio consiste en comunicarte con tu duelo como si tuviera personalidad propia. Hablarás y escucharás a tu duelo.

Escribirás dos cartas.  La primera carta es de usted a su duelo. La segunda de su Duelo a  usted. Utilice el formato siguiente:

 

Fecha:______________________ Hora:___________

 

Querido Duelo:

 

Sinceramente, Juan

 

Antes de escribir, pregúntese a sí mismo: si pudiera decir a mi Duelo lo que pienso y siento, qué le diría? qué quiero decirle a mi Duelo acerca del impacto que produjo en mí vida?

Sea tan sincero como pueda. Escriba la carta y fírmela.

 

—————————————————————————-

 

Exactamente 24 horas después, pero no menos, escriba la segunda carta, excepto que la dirigirá a usted mismo y firmará: Sinceramente, el Duelo.

 

Fecha______________________ Hora____________

Querido Juan:

 

Sinceramente: el Duelo.

 

Antes de escribir pregúntese a sí mismo: Imagínate que te contesta el Duelo, qué te diría el Duelo? qué quiere de mí?

Después, tan sinceramente como sea posible, escribe tú mismo en nombre del Duelo.

Deja las cartas a un lado un día o dos y después las lees en voz alta para tí mismo.

 

Qué te revelaron las cartas acerca de tu actitud hacia la experiencia del Duelo?.

A través de esas cartas qué cosas nuevas descubres de tí mismo?

 

Encuentra a alguien con quien puedas compartir las cartas y hablar de sus descubrimientos.  También, lo puedes hacer con el grupo.

Un ejemplo:

 

Carta a Dios DE UNA MUJER EN DUELO

¡Hola, Señor!

No sé cómo llamarte, ni cómo dirigirme a  Ti porque me has desilusionado tantísimo últimamente. Has sido tan cruel conmigo y con toda mi familia pero  sobretodo con mi hijo. ¿Qué daño te habrá hecho mi niño para que ya en febrero le dieses el gran disgusto de su vida con la noticia de la terrible enfermedad de su novia (esclerosis múltiple) y como  con eso no tuviste bastante en junio nos llevaste al abuelo, al cual mi niño estaba  tan unido y le quería con locura. Y como en muchas ocasiones había escuchado a las personas mayores, que son muy sabias, que no hay dos sin tres, esto se cumplía, pues a los 13 días de su muerte te llevaste a mi niño. ¿Por qué? ¿Por qué? Esta es la pregunta que me hago constantemente  sin obtener respuesta. ¿Por qué eres tan cobarde? ¿Por qué no nos das una contestación un poco coherente?

Desde pequeñita me enseñaron que eres omnipotente, comprensivo, todopoderoso, misericordioso, que todo lo puedes que estás en todas partes, que  todo lo ves, pues todo lo sabes etc… ¿Dónde  te escondiste cuando tuvo mi niño su accidente? Solamente con que hubieras extendido tus manos sujetando el coche o el viento, a mi niño no le hubiera pasado nada. No tiene sentido todo lo que nos has hecho, ha sido un daño tan grande para toda la familia. Su padre, mi marido se refugia en su soledad, no quiere saber nada de lo que pasa por  el mundo, todo le es indiferente. Su hermana, mi hija, lo hace introduciéndose en su trabajo para no pensar que su hermano ha desaparecido para siempre, eran  además de hermanos, amigos, estaban muy unidos, nunca vi en ellos una discusión ni enfado. La abuela ha caído con un pérdida de memoria tan grande que  tiene sus momentos en los que  busca a mi niño por su casa. Y yo para qué decirte no  descanso ni  de día  ni de noche. Unas veces llora, otras hablo con él, otras me refugio en su habitación pensando por unos segundos que puede volver. Todos estamos bajo tratamiento psiquiátrico, pero  de momento poco nos ha ayudado.

Yo estoy llena de ira, de odio contra ti. Sólo pienso en vengarme de ti. ¿Cómo? Alejándome  de Ti, olvidándome que existes. Y por el contrario me agarro a todo lo que  creo que me  puede hacer bien fuera  de tu ambiente como en este grupo de terapia de duelo.

Pero el que más  ha perdido es mi niño. Él  no se metía con nadie, era un niño muy cariñoso con todos, siempre estábamos juntos toda la familia, muy preocupados por nuestros negocios y problemas. Y sobre todo, era muy joven, sólo tenía 30 años, casi cuatro trabajando pues anteriormente se había dedicado a estudiar. Creo que nacimos para morir pero  no tan pronto, como mi niño estaba empezando a vivir, le quedaba toda una vida. Pero tú no has querido que así fuese.  Ahora no se en quien apoyarme. ¿Dónde está? ¿Cómo podemos saber de él? ¿A quién tengo  que  acudir? Porque contigo no puedo contar para nada. Todo  ha sido una farsa, una mentira, un engaño.

Oh, Señor, ha sido un golpe durísimo lo  que me has dado que no encuentro consuelo en ninguna parte, solamente hablando con él, pero no me contesta. ¿Dónde le  tienes escondido?

Voy a despedirme ya  de Ti porque soy capaz de estar días y días lanzándote insultos y  haciendo preguntas sin respuestas.

Bueno, quisiera pedirte perdón, pero de momento no lo siento.

RESPUESTA DE DIOS A MARIA

Hola, MARIA

Me  he encontrado  con la obligación de contestar a tu carta, aunque no se cómo enfocarla porque te veo muy dolorida, con mucho odio hacia mí y por muchos razonamientos  que te dé, ahora no me vas a aceptar ninguno.

Pero lo que sí quiero  decirte es que tu hijo está muy bien, está mejor  que en  la tierra, está más tranquilo , más sereno con lo cual espero y deseo tu poco a poco vayas aceptando lo que te ha pasado.

Pero esto lo conseguirás con el paso  del tiempo y  sin darte cuenta volverás a creer en mí y volverás a tener fe, esa fe  que has tenido toda tu vida, como tú dices desde que eras pequeñita, volverás a tener   en ti esa base religiosa que tus padres prodigaron en ti y que tú has practicado durante toda tu vida. Pero ahora tienes un dolor tan grande que no eres capaz de aceptar nada.

Con mucho amor, cariño y esperanza me despido de ti.

Firma: Dios

 

 

 

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