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Cómo sobrellevar el confinamiento y afrontar el duelo


Por Lucía Martín

01 de abril de 2020

 

La obligada soledad de un anciano por el confinamiento. El miedo de un hijo a contagiar a sus padres mayores tras terminar su jornada laboral en un servicio esencial. La preocupación de un enfermero cuyos compañeros se han infectado. El injusto sentimiento de culpabilidad del médico que ve a diario cómo el virus se cobra otra vida. El dolor por la pérdida de un ser querido del que no te puedes despedir o la incertidumbre del familiar del enfermo aislado en un hospital. Infinidad de circunstancias difíciles de digerir en medio de la crisis del coronavirus que ha propiciado un caos emocional que los psicólogos tratan de ordenar.

En mayor o menor grado, la sociedad ha tomado conciencia del drama asociado a la pandemia y ha asumido con responsabilidad la cuarentena impuesta. Sin embargo, gestionar el encierro no resulta una tarea fácil. La impotencia, la angustia y la ansiedad se han instalado en las casas y el ser humano “ha perdido la seguridad y se ha dado cuenta de que tanto él como el mundo y sus estructuras son vulnerables”, relata a Madridiario Javier Urra, doctor en Psicología y en Ciencias de la Salud. Así, se ha generado “una tensión entre el egoísmo de salvarme yo y la generosidad de pensar cómo puedo ayudar”, siendo la respuesta a esto último permanecer en el domicilio.

Para afrontar este aislamiento con entereza, Pedro Rodríguez, vocal del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (COPM), invita a “no ponernos expectativas ni horizontes de cuándo podremos salir” por optimistas que parezcan los datos de la evolución de la pandemia. Así se combate la frustración. “Permitirse estar mal” también es otra de sus recomendaciones, pues es inevitable tener un bajón anímico. Para evitar que se convierta en crónico, explica a este medio que “aunque no podemos movernos de casa, en casa hay que moverse”. Mantenerse activos evade a la mente de pensamientos negativos.

Una premisa que comparte Laura Ferrando, presidenta de la Asociación Española de Psiquiatría Privada, quien apuesta por “establecer rutinas que ayuden a mantener la actividad diaria y recurrir a las aficiones que cada uno tenga para sobrellevar momentos difíciles”. La psiquiatra aconseja también reducir el consumo del tabaco y el alcohol, con efectos psicoactivos, para “atemperar las emociones”. Por su parte, la Sociedad Española de Psiquiatría anima a alejarse de la vida sedentaria realizando ejercicio. Una práctica ayuda en especial a personas inquietas o que sufren estrés y también a los niños y jóvenes para descargar energía.

Asimismo, desde esta institución consideran fundamental la comunicación en esta etapa de aislamiento social. Las tecnologías juegan aquí un papel estratégico al facilitar la conexión con familiares y amigos, tan añorados en estos momentos, pero se pueden convertir en un arma de doble filo al utilizarlas en exceso para buscar información acerca del virus. Por ello, pide que “se restrinja el horario que pasamos en internet leyendo noticias sobre el tema”. Al respecto, la psiquiatra Ferrando señala que “se ha observado que una información actualizada y precisa mejora los síntomas de ansiedad, por lo que hay que procurar estar siempre bien informado, pero sin entrar en una sobresaturación que pueda resultar contraproducente”.

Atención a colectivos vulnerables: niños, ancianos y sanitarios

En cuanto a los niños, desde Aldeas Infantiles subrayan su vulnerabilidad ante esta crisis y advierten de que aquellos que han pasado por cuarentenas “han llegado a mostrar niveles de estrés postraumático cuatro veces superiores a la media de quienes no han estado confinados”. Su respuesta a esta situación difícil puede variar desde experimentar pesadillas a orinarse en la cama, presentar mayor agitación o aferrarse a sus padres. Para hacerles más llevaderas estas semanas recluidos, recomiendan la escucha activa y la actitud de comprensión hacia los pequeños, así como crear un entorno más sensible y afectuoso que de costumbre a su alrededor.

La ONG también cree conveniente que conozcan la realidad actual y que se les explique cómo reducir el riesgo de infección y permanecer seguros, siempre con información adaptada a su edad. Continuar con las rutinas y horarios habituales les favorece y Pedro Rodríguez, vocal del Colegio de Psicólogos madrileño, alienta a los padres a “intentar simular la vida real, manteniendo una disciplina de levantarlos a la misma hora que para ir el colegio”. No obstante, recuerda que “no podemos pedirles que estén pegados a la silla todo el día” y que se debe “tener tolerancia cuando están inquietos sin que lleguen a seducirnos y a romper las normas”.

Por otro lado, para mitigar la soledad de los ancianos que viven solos, las autoridades han habilitado recursos telefónicos para que reciban acompañamiento o atención psicológica, si la precisan. De hecho, constituyen uno de los colectivos específicos al que va dirigido el teléfono gratuito de apoyo psicológico que ofrece la Comunidad de Madrid y gestiona el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

Este número, el 900 124 365, está operativo las 24 horas al día los 7 días de la semana y a través del mismo atienden más de 600 profesionales colegiados de forma voluntaria. Desde su estreno el pasado 27 de marzo, ya han prestado servicio a más de 1.400 usuarios. Una labor altruista que ha elogiado Fernando Chacón, decano del COPM: “Agradecemos la solidaridad a todos los psicólogos del sistema público de salud, que hacen un trabajo intensísimo en condiciones difíciles”.

En una posición de no menos vulnerabilidad se encuentran los sanitarios, que se enfrentan de forma directa al Covid-19 y viven en primera persona la crueldad de la enfermedad. El doctor en Psicología Javier Urra insiste en la necesidad de “cuidar al cuidador” y Pedro Rodríguez, del COPM, expone que su trabajo con este grupo se centra en que “sean capaces de parar, de tomar distancia y reposar” después de la carga tanto laboral como emocional a la que se someten a diario.

Una presión a la que se suma tanto la indignación como la preocupación por no contar con las medidas de protección adecuadas para ejercer en condiciones seguras, como indica Rodríguez, que pone el hospital habilitado en Ifema como ejemplo de un espacio “con falta de medios” en este sentido. La terapia también reconforta a quienes se responsabilizan por las muertes de manera injusta. “No pueden pensar que tienen la culpa y tampoco deben permitir que esto los vuelva impotentes”, explica.

“Elaborar el duelo”, vía para cerrar las heridas

Asimilar estos fallecimientos por el virus, más de 3.600 hasta este martes en la región, requiere de una fortaleza anímica aún mayor que en circunstancias normales. Al abatimiento propio de la pérdida se suma “el estrés postraumático difícilmente asumible de no haber podido decir adiós, dar un beso o pedir disculpas”, indica Javier Urra. La prohibición de los velatorios y la frialdad de las inhumaciones, sin contacto físico entre los contados asistentes permitidos, pueden propiciar que la ‘herida’ quede abierta por más tiempo. Para mitigar el “colapso emocional” que puede producir, el doctor anima a “elaborar el duelo”, es decir, a posponer la liturgia e invitar a familiares y amigos a que los acompañen en ella una vez concluya el estado de alarma.

Desde el COPM también alertan de las dificultades emocionales que implica no poder celebrar estos rituales y, por ello, ofrecen su colaboración para que el duelo “acabe siendo normal y no se convierta en patológico”. Así, trabajan de forma conjunta con las funerarias y cuando en estas se detecta una demanda de atención psicológica se deriva a estas personas, previa autorización, a profesionales. Esta prestación, sufragada por el propio Colegio, puede solicitarse a través del e-mail ayudaduelocopm@cop.es.

Por su parte, el Ministerio de Sanidad y el Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos (COP) de España han puesto en marcha un teléfono para prestar una primera atención psicológica a familiares de personas enfermas o fallecidas como consecuencia del coronavirus, el 91 700 79 89. Además, han habilitado otro orientado a profesionales con intervención directa en la gestión de la pandemia como sanitarios, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o Policía Local, el 91 700 79 90, y un tercero para la población en general con dificultades derivadas del estado de alerta, el 91 700 79 88. El horario de atención de todos ellos es desde las 09.00 hasta las 20.00 horas, todos los días de la semana.

Recomendaciones para cuando la pandemia remita

Cuando lo peor de la pandemia pase y las medidas de restricción de movimiento se anulen, la ciudadanía deberá hacer frente a una nueva fase. Una suerte de “estado de alerta” al que recurre Javier Urra para explicar la inseguridad derivada de “no tener garantías de que no vuelva a pasar”. El nerviosismo y los problemas de conciliación del sueño pueden convertirse en compañeros no deseados en un futuro cercano. En este escenario, “si la angustia te incapacita y las ideas se vuelven obsesivas, es el momento de pedir ayuda”, afirma. Ante la ansiedad procedente de cuestiones económicas, el doctor apela a la “generosidad y la flexibilidad” en el pago de alquileres y a extremar las precauciones por el riesgo de un aumento en los suicidios.

Los recuerdos y las imágenes asociadas a esta etapa permanecerán en la cabeza y será necesario aprender a convivir con ellos, como ya ocurriera con otras situaciones críticas sobrevenidas como el 11-M. “Esta resonancia emocional la vamos a tener toda la vida y debemos darle normalidad para no convertirla en un problema”, plantea el psicólogo Pedro Rodríguez al tiempo que menciona que “diversos estudios han demostrado que cuanta más ayuda psicológica, menor posibilidad de manifestaciones psicológicas negativas al cabo del tiempo”

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